Entrevista al director creativo de Moschino sobre sus últimas colecciones y todos los cambios que está experimentando el mundo de la moda

Jeremy Scott lo ha vuelto a hacer. Ha presentado lo último de su firma homónima en Nueva York Fashion Week, la nueva colección de Moschino en los desfiles de Milán Fashion Week y todavía ha tenido tiempo para lanzar la última de sus colaboraciones, en esta ocasión, con Cîroc, la marca premium de vodka. Entrevistamos a este americano irreverente con alma de millennial y nos habla de sus inicios, su encarnación del espíritu de Franco Moschino y la revolución que está experimentando la industria de la moda, desde la lucha por la diversidad hasta el movimiento curvy.

Nació en la época equivocada. Porque Jeremy Scott (Kansas City, 1982) no podría ser más millennial de lo que es: amante de la cultura pop, de las redes sociales, del exceso y la exageración y de todo lo que engloba la cultura de Internet.

A pesar del “juego de tronos” al que hemos asistido en la industria de la moda últimamente, desde Raf Simons a Dior a Hedi Slimane en Saint Laurent, Jeremy Scott, que se graduó en el Pratt Institute, ha permanecido al frente de Moschino desde que en 2013 fuera designado su director creativo. Un puesto que parecía hecho a su medida, y eso que el americano llevaba casi dos décadas de experiencia dirigiendo su firma homónima.

Pero no sólo eso. Jeremy Scott encarna todo lo que la firma era con su fundador original, Franco Moschino, con ese estilo irreverente y grandioso que caracterizó la década ochentera. Y además, tiene visión de negocio, y como buen americano no duda en buscar alianzas entre las grandes empresas. Ahora ha establecido una “alianza de lujo” con Cîroc Ultra-Premium Vodka; una unión que incluye el lanzamiento de una botella de edición limitada y una serie de eventos globales protagonizados por el director creativo de Moschino y un gran grupo de influencers internacionales.

Entrevistamos al americano y hablamos de sus últimos proyectos, pero también de sus inicios, de su evolución dentro de Moschino y de los cambios que está experimentando la industria de la moda.

– Acabas de presentar tu última colección para tu firma homónima en Nueva York. ¿Sobre qué trataba?

Me he inspirado en mí mismo. Eché la vista atrás, a cuando tenía 18 años y estaba intentando expresarme. Mi cuerpo aún no estaba formado, vivía sin lujos, experimentaba con mi pelo y con mi ropa. Así que en esta retrospectiva he recuperado mi forma de vestir de entonces, mezclando todo tipo de tendencias pero, ante todo, encarnando esa actitud de búsqueda (y algo de exhibicionismo). Siempre grunge , mezclado con glamour y con algo que defino como “high tech sporty” (estilo deportivo de alta tecnología). La colección se llama “Meta Muse” porque yo me convertía en mi propia musa y, a la vez, estaba buscando mi identidad.

– En 2013 te convertiste en director creativo de Moschino. ¿Cuál ha sido tu evolución -y cuál la de la firma- en estos años?

No creo que haya cambiado nada dentro de mí. Sigo trabajando, y siempre a tope. Creo que la marca sí ha sufrido una transformación: me gusta mostrar diferentes prototipos de belleza y, por un lado, traer de vuelta la magia de otros años, pero también darle un nuevo aire a lo que se ve ahora en la calle. Lo que busco ante todo es mostrar mi propia visión de la firma, cómo me imagino los códigos y la iconografía que son relevantes hoy. Me encanta diseñar y compartir mi trabajo, la conectividad y la interactuación, cuando lo que hago le llega a la gente. ¡Me fascina! Recibir emociones del público… Es excitante.

– ¿Cómo mezclas tu propia estética, tan reconocible, con el legado de Franco Moschino?

Si soy sincero, no miro nunca los archivos. No soy ese tipo de diseñador. No es que esté en contra, es que es natural para mí hacer lo que hago: son mis instintos y mi concepto de la marca. Hay cosas que me pueden llamar la atención y echo la vista atrás, pero hay otras veces que analizo lo que hizo Franco y lo revisiono. Es un proceso muy natural; en ningún caso es una lucha. No tengo que encarnar su espíritu porque lo que Franco ofrecía era muy parecido a lo que a mí me inspira hoy, por eso es tan natural. Incluso algunas cosas que la gente no entiende, como cuando hice el desfile sobre Barbie (me criticaron porque les parecía demasiado americano, aunque a mi entorno le fascinó), ¡resulta que Franco ya lo había hecho! Hizo una campaña con Barbie… ¡y yo sin saberlo! Pensamos igual en muchas cosas, y cuando lo descubro, son momentos de genialidad.

– ¿De dónde te viene la inspiración?

No quiero sonar como que no me importan los archivos, porque por supuesto hay de todo. Pero me inspiran más el color del cielo, una conversación con un amigo, lo que me pongo de mi armario que me inspira de repente… No hay una sola forma, una sola fuente de inspiración. La magia está a nuestro alrededor. Un día pienso: “Sería divertido tener un circo”, y entonces hago una colección que gira en torno a esa idea. Es todo muy orgánico, ese es el único misterio. Intento estar abierto y recibir ese don, y siempre compartirlo: eso es la creatividad.

– ¿Qué piensas sobre esta nueva era, donde una gran parte del público asiste a tu desfile a través de su smartphone?

No estoy en contra. Es parte de nuestra vida, de la vida moderna; para nada es algo negativo. Cada época está preparada para lo que vive, aunque tiene que haber un conocimiento amplio para poder aceptar los cambios. En el centro hay cosas positivas y negativas, y lo bueno de la conectividad es que nos ayuda en nuestra vida. Las redes sociales son una forma maravillosa de comunicarse, de explorar e incluso de cambiar la vida de la gente.

– ¿Qué opinas sobre los nuevos movimientos sobre diversidad en la moda, el movimiento curvy y el empoderamiento de la mujer en general?

Creo que es algo genial que cada vez se celebren más tipos de belleza. En todas las formas. Ayuda a que la gente se sienta identificada, y esto es otro punto positivo. Me parece otro de los grandes beneficios de las redes sociales: hay un nuevo espacio en el que todos podemos tener voz. Respecto al movimiento curvy, todavía tenemos mucho camino que recorrer por la herencia que hemos recibido, ese canon de chicas altas y delgadísimas que ha sido tradición en las últimas décadas de la moda. Pero la apertura de la revolución curvy es un paso maravilloso, y está ayudando a las jóvenes a tener otros modelos de referencia, además de suponer una revolución en la industria en sí.

– ¿Cómo nació la idea de hacer esta colaboración entre Cîroc y Moschino?

Pude saber que estaban interesados en que realizáramos un proyecto juntos. A mí me encanta embarcarme en nuevas aventuras, formar parte de otras vidas. Todo lo que implique diversión va conmigo.

– ¿Qué valores comparte una firma de moda con una bebida alcohólica?

Justo eso, ¡la diversión! Esto nos unía, y era un tema recurrente en las reuniones. Siempre intento divertirme con lo que hago: es una de las cosas que hace que la vida brille, que merezca la pena. Pero tenemos Moschino y Cîroc tienen otras cosas en común: son marcas algo descaradas, pero con mucho respeto por la calidad, la tradición y el gusto por las cosas bellas y bien hechas.

– ¿Por qué has elegido al español River Viiperi como embajador de la campaña?

Me encanta. Es uno de mis favoritos, y empezó su carrera como modelo conmigo. Le he seguido y le he visto crecer. Es genial, divertido y tiene una gran actitud. He trabajado mucho con él pero también somos amigos fuera del trabajo, y me apasiona su mentalidad, su estilo: es maravilloso y muy cool.

– En la campaña también aparece Jasmine Sanders, una modelo “fija” en tus shows…

También empezó conmigo hace muchos años. Desfila para mí, en todos mis desfiles, pero además vamos juntos a todas las fiestas que podemos, salimos de marcha, nos vamos de cena… Su personalidad es súper positiva y optimista. Es la encarnación perfecta de la firma, y junto a River la combinación es explosiva: están llenos de vida, son amables y guays al mismo tiempo. Brillan con luz propia.

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