David Bowie, o cuando la moda no te importa nada

Aunque pueda parecer lo contario, a David Bowie no le interesaba la moda. Pero, ¿tiene esto importancia a la hora de analizar el trabajo de quien ha sido considerado una de las figuras más influyentes del panorama cultural de finales del siglo pasado?

Vayamos paso a paso. A pesar de que Bowie declaró en alguna ocasión que le traía sin cuidado lo que ocurría en el mundo de las tendencias, el caso es que la moda siempre se ha interesado por sus modos y maneras de vestir, y numerosos diseñadores, tanto del siglo pasado como del siglo XXI han dejado clara la enorme influencia que el cantante ha ejercido sobre su trabajo.

En 1974, el cantante explicó que su música era tridimensional: “Una canción debe afectar al público no solo como una canción sino como un estilo de vida”. La música era únicamente un eslabón de esa cadena compleja y sofisticada que suponía para él la carrera de un cantante.

De hecho, cuando hablamos de Bowie, hay que deslizarse transversalmente por muchas disciplinas y géneros por los que transitó rompiendo esquemas, desde el diseño de portadas al montaje de escenarios, pasando por el rodaje de vídeos, y cómo no, por todo lo referente a su vestuario.

Siguiendo la máxima de McLuhan de que ‘el medio es el mensaje’, Bowie utilizó la moda como un medio poderoso para transmitir su discurso. En el catálogo que acompaña la exposición David Bowie is, uno de los comisarios de la muestra, Victoria Broackes, analiza cómo uno de los valores más destacados del artista fue saber rodearse de colaboradores de gran talento y extraer de ellos lo mejor de sí mismos.

Su habilidad para predecir y desarrollar tendencias y esa maestría a la hora de escoger a sus aliados ideológicos, aquellos que le harían avanzar mil pasos por delante de la mayoría, fueron las claves de su acercamiento a Kansai Yamamoto, una de las referencias más vanguardistas de la historia de la moda del siglo XX.

Cuando a principios de los años 70 Bowie decidió utilizar ropa que el diseñador japonés había creado para un público femenino, estaba abriendo un camino que otros tardarían años en explorar. Su obsesión por ir más allá de los límites establecidos fue uno de los rasgos que compartió con Yamamoto, quien ha declarado en alguna ocasión querer “seguir siendo el hombre más llamativo sin importar la edad que tenga”.

A sus 73 años, el trabajo del diseñador, al igual que el del músico, ha sido una constante carrera hacia el futuro, y de ese universo creativo común nacerían piezas tan emblemáticas como el traje ‘Tokio Pop’ de 1973, un mono de vinilo con rayas blancas y pantalones en forma de disco gigante que Bowie utilizaría en la gira de su álbum Aladdin Sane (1973), que lo transformó en todo un samurái galáctico.

Más allá de la influencia patente que Bowie ha ejercido en el trabajo de algunos de los más notables diseñadores contemporáneos (Riccardo Tisci, Jean Paul Gaultier, Dries van Notten, Hedi Slimane, Phoebe Philo…), la moda no fue un mero acompañamiento de su brillante carrera musical ni una simple apariencia para los numerosos personajes en los que se travistió. La moda componía una parte central en la construcción de su universo creativo y lo permeaba todo. Sus compañeros de profesión han tardado décadas en comprenderlo… y en imitarlo.

 

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